Te invitamos a narrar, a tu manera, fragmentos de cuentos y poesías para el taller de narración. La grabación que más guste entre los usuarios del Portal se dará a conocer en actividades de la sección Leer.

Así que… pon tu voz a trabajar y haz que se escuche.


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Fragmento del poema Bésame luna de Víctor Corcoba Herrero
(Autor siglo XXI)


I
Bésame luna,
bésame llena,
bésame llana,
y, en esdrújula,
dime ámame.

II
Los besos en verso
son vasos de amor
que no se empañan,
que resplandecen,
y no se apagan.

III
Si se tiene el cielo
en los labios
se sabe lo que es poesía,
y se nada en lo todo,
porque todo es el amor
cuando se tiene verso
a quien besar.

Fragmento del cuento El corazón delator de Edgar Allan Poe


Sin duda, debí de ponerme muy pálido, pero seguí hablando con creciente soltura y levantando mucho la voz. Empero, el sonido aumentaba... ¿y que podía hacer yo? Era un resonar apagado y presuroso..., un sonido como el que podría hacer un reloj envuelto en algodón. Yo jadeaba, tratando de recobrar el aliento, y, sin embargo, los policías no habían oído nada. Hablé con mayor rapidez, con vehemencia, pero el sonido crecía continuamente. Me puse en pie y discutí sobre insignificancias en voz muy alta y con violentas gesticulaciones; pero el sonido crecía continuamente. ¿Por qué no se iban?

Anduve de un lado a otro, a grandes pasos, como si las observaciones de aquellos hombres me enfurecieran; pero el sonido crecía continuamente. ¡Oh! Dios! ¿Qué podía hacer yo? Lancé espumarajos de rabia... maldije... juré... Balanceandose la silla sobre la cual me habia sentado, raspé con ella las tablas del piso, pero el sonido sobrepujaba todos los otros y crecía sin cesar. ¡Más alto... más alto... más alto! Y entretanto los hombres seguían charlando plácidamente y sonriendo. ¿Era posible que no oyeran? ¡Santo Dios! ¡No, no! ¡Claro que oían y sospechaban! ¡Sabian... y se estaban burlando de mi horror! ¡Sí, así lo pensé y así lo pienso hoy! ¡Pero cualquier cosa era preferible a aquella agonía! ¡Cualquier cosa sería más tolerable que aquel escarnio! ¡No podía soportar más tiempo sus sonrisas hipócritas!


¡Sentí que tenía que gritar o morir, y entonces... otra vez... escuchen... más fuerte... más fuerte... más fuerte... más fuerte!

-¡Basta ya de fingir, malvados! -aullé!. ¡Confieso que lo maté! ¡Levanten esos tablones! ¡Ahí... ahí! ¡Donde está latiendo su horrible corazón!

Cuento El hombre que contaba historias de Oscar Wilde


Había una vez un hombre muy querido de su pueblo porque contaba historias. Todas las mañanas salía del pueblo y, cuando volvía por las noches, todos los trabajadores del pueblo, tras haber bregado todo el día, se reunían a su alrededor y le decían:

-Vamos, cuenta, ¿qué has visto hoy?

Él explicaba:

-He visto en el bosque a un fulano que tenía una flauta y que obligaba a danzar
a un corro de silvanos.

-Sigue contando, ¿qué más has visto? -dedían los hombres.

-Al llegar a la orilla del mar he visto, al filo de las olas, a tres sirenas que
peinaban sus verdes cabellos con un peine de oro.

Y los hombres lo apreciaban porque les contaba historias.

Una mañana dejó su pueblo, como todas las mañanas... Más al llegar a la orilla del mar, he aquí que vio a tres sirenas, tres sirenas que, al filo de las olas, peinaban sus cabellos verdes con un peine de oro. Y, como continuaba su paseo, llegando cerca del bosque, vio a un fauno que tañia su flauta y a un corro de silvanos... Aquella noche, cuando regreso a su pueblo y, como los otros días, le preguntarón:

-Vamos, cuenta: ¿qué has visto?

Él respondió:

-No he visto nada.

FIN

Lecturas propias



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